Y de buenas a primeras, comencé a mirar con buenos ojos a esos chicos que a Mami tanto la molestaban cuando jugaban al fútbol en la calle, o pasaban en la bicicleta por "SU" vereda (como si la hubiese comprado). En realidad, a Mami le molestaba todo lo que tuviera que ver con la amistad o la alegría. A los vecinos los había apodado de tal modo que todos, en casa, olvidamos sus apellidos: "La Chueca", "Los Pingüinos", "Los Vinachos", "Las Chinas", "Los cueteros", "Los pulguetos" ... En fin ... No sé cómo se las estará arreglando mi mamá si se encontró en el Más Allá con sus vecinos. Me había enseñado a no saludar a nadie del barrio, pero yo siempre tuve la sonrisa fácil: no los saludaba pero, como los sentía amigables, les sonreía ... y un "Hola, Martita ..." cosechaba, cada vez que iba a hacer algún mandado. Y me sentía muy bien. A Mami no le contaba nada acerca de mis saludos con los vecinos ... Ella , seguro, me iba a retar: "Son chusma, Martita ... no los mires, no los saludes, no son como nosotros" ... Y ... Claro ... con la revolución "libertadora" de 1955, Mami se había agrandado en sus exquisiteces y en su xenofobia. A mí me gustaba hacerme amiga de todos. Me gustaba recibir una sonrisa, una palabra de afecto, que me dijeran algo lindo,pero ... los vecinos peronistas (que eran muchos, y a Mami no podían ni verla, sobre todo después de que colgara en el frente de mi casa la bandera argentina y pusiera a todo volumen la "Marcha de la libertad" a toda hora, algo que terminamos pagando todos en casa ...Hasta Papi, que amaba a Evita) no lo disculparon. Y, los que no entendían de edades ni de discernimiento, los que nunca diferencian lo que es un nene y lo que es un adulto,esos ... los pobres de espíritu ... me lo hicieron pagar a mí, que tenía ocho años... Y sufrí mucho. Y lloré más.No me dejaban entrar en las casas de mis amigas del barrio (seguramente, sus padres eran peronistas). Una vieja de mierda me frenaba cuando me veía pasar por la calle y me decía" Cantá la marcha peronista, o va a correr un río de sangre en tu casa" ... Yo no la sabía entonces. Y hoy, tampoco ... Já !!! Y no me arrepiento. (Vieja de mierda, hija de puta. Por culpa tuya no dormí durante noches enteras, llena de terror. Te llamaban "la viuda Baglione". Tenías el aspecto de una bruja espantosa. Y eras la madre de Raúl Baglione ... un teniente del Regimiento 7 de Infantería, donde se concibió la contra- revolución de junio de 1956, y uno de sus principales artífices).
Yo sufrí la discriminación. A mi me enseñaron a discriminar ... Por eso prefiero pensar como se me da la gana, y no permito que me discutan. Hasta ahora, no le hice mal a nadie. Pero mantengo mis propios principìos ... ¡¡ Y me gustan !!
jueves, 26 de febrero de 2009
lunes, 16 de febrero de 2009
Al recordar a mis amigas de la infancia, mencioné a una especial. La que conocí en mis clases de bailes.
Era muy pequeña cuando las inicié. Tenía tres años y pocos meses. Sin embargo, recuerdo cada uno de los detalles que rodearon mi ingreso al maravilloso de la danza.
Me acuerdo de los preparativos previos a que Mami me llevara a la Original Escuela de Ballet, creada y dirigida por Gloria Marina Perusín. Me veo parada en la mesa del comedorcito diario de mi casa, mientras mi mamá me vestía con un vestido y una camperita color bordó con dibujos de ranchitos blancos, que me había tejido con dos agujas. Revivo mi entrada a esa gran casona de la calle 53 entre 8 y 9, con el temor propio de ingresar a lo desconocido. Veo el salón inmenso, con piano y escritorios, a muchas nenas con polleras multicolores, a la profesora toda vestida de azul, y escucho la música de la Estudiantina, de Chabrier. Estoy mirando, como hace 59 años, a mi profesora Gloria ( siempre pensé que hay personas a quienes les eligen el nombre ideal, como a ella) hablándome con suavidad y afecto, dándome confianza, mientras un hilito de saliva unía sus dientes superiores con los inferiores. Y veo a una nenita regordeta y sonriente, tirada panza abajo debajo de un escritorio, que me saluda con su manito ...
Era María Sofía.
María Sofía, una chiquita parecida a una muñeca pepona, muy linda y graciosa, con muchísimas condiciones para la danza, favorita de la profesora y, por ende, de los demás, me daba la bienvenida.
Gloria le dijo "María Sofía, ¿vas a seguir tomando sol ahí abajo?" Y la nenita salió de donde estaba, se me acercó, me tomó de la mano y la apretó fuerte.
Ella, todavía no había cumplido los tres años de edad ... pero me hizo sentir segura.
Tan fuerte fue nuestra relación desde el principio, y a tan temprana edad, que Gloria no nos separó nunca. Armaba duetos, para que interpretáramos juntas en sus originales y creativas coreografías. Siempre éramos pareja.
Nosotras manteníamos una amistad paralela a lo que en bailes se nos exigía.
Con María Sofía no jugamos nunca a la rayuela, ni a saltar con la soga, ni hicimos rondas. No jugamos a la mamá ni a las visitas. Con María Sofía bailábamos. Siempre.Si yo iba a su casa, llevaba mi bolso de danzas, y lo mismo hacía ella si venía a la mía.
Creo que sentíamos una admiración mutua y que manejábamos códigos que ni nosotras conocíamos. Una mirada, un movimiento, una sonrisa, eran la pauta de lo que seguía. Existía, entre nosotras, una sincronización absoluta.
En su casa se celebraban los cumpleaños con mucha pompa. El padre era un abogado con mucho nombre, y la mamá una dama de alta alcurnia.
Si bien yo sentía que en lo social algo nos separaba, nuestro cariño estaba estaba muy lejos de eso.
Yo "sabía" que algo teníamos distinto pero no lo sufría, porque María Sofía les mostraba a todos que me quería mucho y que teníamos algo en común que nadie podía compartir con nosotras: la danza y la complicidad.
Era muy pequeña cuando las inicié. Tenía tres años y pocos meses. Sin embargo, recuerdo cada uno de los detalles que rodearon mi ingreso al maravilloso de la danza.
Me acuerdo de los preparativos previos a que Mami me llevara a la Original Escuela de Ballet, creada y dirigida por Gloria Marina Perusín. Me veo parada en la mesa del comedorcito diario de mi casa, mientras mi mamá me vestía con un vestido y una camperita color bordó con dibujos de ranchitos blancos, que me había tejido con dos agujas. Revivo mi entrada a esa gran casona de la calle 53 entre 8 y 9, con el temor propio de ingresar a lo desconocido. Veo el salón inmenso, con piano y escritorios, a muchas nenas con polleras multicolores, a la profesora toda vestida de azul, y escucho la música de la Estudiantina, de Chabrier. Estoy mirando, como hace 59 años, a mi profesora Gloria ( siempre pensé que hay personas a quienes les eligen el nombre ideal, como a ella) hablándome con suavidad y afecto, dándome confianza, mientras un hilito de saliva unía sus dientes superiores con los inferiores. Y veo a una nenita regordeta y sonriente, tirada panza abajo debajo de un escritorio, que me saluda con su manito ...
Era María Sofía.
María Sofía, una chiquita parecida a una muñeca pepona, muy linda y graciosa, con muchísimas condiciones para la danza, favorita de la profesora y, por ende, de los demás, me daba la bienvenida.
Gloria le dijo "María Sofía, ¿vas a seguir tomando sol ahí abajo?" Y la nenita salió de donde estaba, se me acercó, me tomó de la mano y la apretó fuerte.
Ella, todavía no había cumplido los tres años de edad ... pero me hizo sentir segura.
Tan fuerte fue nuestra relación desde el principio, y a tan temprana edad, que Gloria no nos separó nunca. Armaba duetos, para que interpretáramos juntas en sus originales y creativas coreografías. Siempre éramos pareja.
Nosotras manteníamos una amistad paralela a lo que en bailes se nos exigía.
Con María Sofía no jugamos nunca a la rayuela, ni a saltar con la soga, ni hicimos rondas. No jugamos a la mamá ni a las visitas. Con María Sofía bailábamos. Siempre.Si yo iba a su casa, llevaba mi bolso de danzas, y lo mismo hacía ella si venía a la mía.
Creo que sentíamos una admiración mutua y que manejábamos códigos que ni nosotras conocíamos. Una mirada, un movimiento, una sonrisa, eran la pauta de lo que seguía. Existía, entre nosotras, una sincronización absoluta.
En su casa se celebraban los cumpleaños con mucha pompa. El padre era un abogado con mucho nombre, y la mamá una dama de alta alcurnia.
Si bien yo sentía que en lo social algo nos separaba, nuestro cariño estaba estaba muy lejos de eso.
Yo "sabía" que algo teníamos distinto pero no lo sufría, porque María Sofía les mostraba a todos que me quería mucho y que teníamos algo en común que nadie podía compartir con nosotras: la danza y la complicidad.
Mis amistades ...
Como conté, no tenía problemas para jugar sola. Me gustaba hacerlo porque no tenía que compartir mis roles con nadie. Igual, tenía mis amigas: las del barrio y una muy especial en bailes. En la esquina de casa vivía Vicky. El papá era cartero y, cuando volvía a su casa después de la larga caminata, se sentaba a la mesa a tomar una cerveza y a comer sandwiches de mortadela. Nos convidaba, y a mí ese fiambre me encantaba aunque lo comía a escondidas de Mami: ella sostenía que lo preparaban con carne de caballo y, para que le tuviera más asco, agregaba "y de caballos de calesita, pobrecitos ..." Nunca había visto un caballo arrastrando una calesita (cuando las conocí ya andaban con motor) así que me imaginaba que los caballos a los que se refería eran los que yo montaba para dar vueltas e intentar sacar la sortija.
A Mami mucho no le entusiasmaba esa amistad con Vicky: era gente humilde ... Pero yo lo pasaba bomba. Era una familia inmensa, y siempre tenían motivo para reunirse a celebrar algo. Vicky tenía muchos primos y primas de nuestra edad, y los grandes se reían a carcajadas.
En mi casa nunca se festejaba nada. Hasta los cumpleaños eran aburridos. Mi mamá estaba distanciada de toda su familia (menos de mi abuela) y la familia de Papi estaba desparramada por toda la República, aunque la sede (es decir, la casa de mis abuelos) quedaba en Mercedes (Bs As) que, de todas formas, está bastante lejos de La Plata. Viajábamos allá una o dos veces por año, y me gustaba. Coincidíamos con mis tíos, una gente genial, y con mis primos, varios de mi edad. Mis abuelos paternos eran amorosos. Ya hablaré de ellos.
Tenía en el barrio, además, otras amigas: Piky y Gladys, dos hermanas muy divertidas, Alicia, y ellas a su vez, tenían otras amigas. A la tardecita, después de haber vuelto de la escuela, de haber tomado el Toddy con pan con manteca y azúcar y de escuchar por radio a Tarzán y a Sandokán, nos juntábamos en la esquina a jugar a las rondas, a la mancha, a la escondida, hasta que se hacía de noche y nos llamaban a cenar. En esa época los chicos podíamos jugar en la calle sin correr riesgos ...
A Mami mucho no le entusiasmaba esa amistad con Vicky: era gente humilde ... Pero yo lo pasaba bomba. Era una familia inmensa, y siempre tenían motivo para reunirse a celebrar algo. Vicky tenía muchos primos y primas de nuestra edad, y los grandes se reían a carcajadas.
En mi casa nunca se festejaba nada. Hasta los cumpleaños eran aburridos. Mi mamá estaba distanciada de toda su familia (menos de mi abuela) y la familia de Papi estaba desparramada por toda la República, aunque la sede (es decir, la casa de mis abuelos) quedaba en Mercedes (Bs As) que, de todas formas, está bastante lejos de La Plata. Viajábamos allá una o dos veces por año, y me gustaba. Coincidíamos con mis tíos, una gente genial, y con mis primos, varios de mi edad. Mis abuelos paternos eran amorosos. Ya hablaré de ellos.
Tenía en el barrio, además, otras amigas: Piky y Gladys, dos hermanas muy divertidas, Alicia, y ellas a su vez, tenían otras amigas. A la tardecita, después de haber vuelto de la escuela, de haber tomado el Toddy con pan con manteca y azúcar y de escuchar por radio a Tarzán y a Sandokán, nos juntábamos en la esquina a jugar a las rondas, a la mancha, a la escondida, hasta que se hacía de noche y nos llamaban a cenar. En esa época los chicos podíamos jugar en la calle sin correr riesgos ...
El año que nació mi sobrina estuvo lleno de acontecimientos rápidos y complicados para mi familia. Yo sólo los observaba y me mantenía a distancia envolviéndome en mis ensoñaciones. Lo único importante para mí era que sería tía a los nueve años, algo impensado para el resto de mis amiguitas y compañeras de escuela y de bailes.
La segunda de mis hermanas, y la que más afecto me demostraba, se había puesto de novia dos o tres meses después de que mi hermana mayor se casara. El novio era un tipo bastante desagradable hasta para mis ojos de nena. Mis hermanos lo habían bautizado "El torpe", apodo que le quedó para siempre, sin que llegara a sus oídos. Mis padres estaban enfurecidos con esa relación. Cabe aclarar que tampoco estaban de acuerdo con el que ya se había convertido en yerno oficial. Mami había soñado para sus hijas maridos llenos de dinero y cubiertos de títulos. El primero estaba haciendo su carrera en la policía, tenía fama de mujeriego y era muy indiferente. Este otro candidato era un mediocre absoluto. Mi hermana mayor sostenía que su hermana se había puesto de novia con él por celos, ya que ella ya se había casado. Mi hermano lo imitaba y a mí me causaba mucha gracia. Mi mamá despotricaba todo el día. Mi papá la apoyaba, pero no emitía comentarios. Pocos días después de que naciera mi sobrina, mi hermana y "El torpe" se comprometieron. La indignación familiar fue en aumento y empeoró cuando anunciaron que se casarían en pocos meses más. Recuerdo el clima de mi casa en esos días: era una tragedia. No sé si sentía miedo o curiosidad cuando Mami y mi hermana se enfrentaban en terribles discusiones, que terminaban cuando ambas se encerraban en sus propios cuartos a llorar. De todas maneras, con mi sobrinita, mis juegos, mis danzas y mis amiguitas lo pasaba muy bien, así que aunque me asustara un poco con las rencillas, mi imaginación volaba y lo solucionaba enseguida.
El día del casamiento fue un caos. Hasta yo lloré escuchando las amenazas de Mami. Sin embargo, yo ocultaba una esperanza: la de ser tía nuevamente, considerando lo que había ocurrido con el casamiento anterior.
Y se hizo realidad por partida doble: quedaron embarazadas mis dos hermanas, por lo que sin llegar a tener 10 años, tendría tres sobrinos para envidia de mis amistades ...
La segunda de mis hermanas, y la que más afecto me demostraba, se había puesto de novia dos o tres meses después de que mi hermana mayor se casara. El novio era un tipo bastante desagradable hasta para mis ojos de nena. Mis hermanos lo habían bautizado "El torpe", apodo que le quedó para siempre, sin que llegara a sus oídos. Mis padres estaban enfurecidos con esa relación. Cabe aclarar que tampoco estaban de acuerdo con el que ya se había convertido en yerno oficial. Mami había soñado para sus hijas maridos llenos de dinero y cubiertos de títulos. El primero estaba haciendo su carrera en la policía, tenía fama de mujeriego y era muy indiferente. Este otro candidato era un mediocre absoluto. Mi hermana mayor sostenía que su hermana se había puesto de novia con él por celos, ya que ella ya se había casado. Mi hermano lo imitaba y a mí me causaba mucha gracia. Mi mamá despotricaba todo el día. Mi papá la apoyaba, pero no emitía comentarios. Pocos días después de que naciera mi sobrina, mi hermana y "El torpe" se comprometieron. La indignación familiar fue en aumento y empeoró cuando anunciaron que se casarían en pocos meses más. Recuerdo el clima de mi casa en esos días: era una tragedia. No sé si sentía miedo o curiosidad cuando Mami y mi hermana se enfrentaban en terribles discusiones, que terminaban cuando ambas se encerraban en sus propios cuartos a llorar. De todas maneras, con mi sobrinita, mis juegos, mis danzas y mis amiguitas lo pasaba muy bien, así que aunque me asustara un poco con las rencillas, mi imaginación volaba y lo solucionaba enseguida.
El día del casamiento fue un caos. Hasta yo lloré escuchando las amenazas de Mami. Sin embargo, yo ocultaba una esperanza: la de ser tía nuevamente, considerando lo que había ocurrido con el casamiento anterior.
Y se hizo realidad por partida doble: quedaron embarazadas mis dos hermanas, por lo que sin llegar a tener 10 años, tendría tres sobrinos para envidia de mis amistades ...
Cuando mi hermana se casó con el hermoso soldado sin tambor, yo tenía ocho años. En la misma misa de su casamiento tomé mi primera comunión.
Hasta entonces mi vida transcurría plácida, feliz e inocente. Como dije, plagada de fantasías. Creía firmemente en el Ratón Pérez, en los Reyes Magos y en el Niñito Dios, quien en Noche buena me dejaba junto al arbolito de Navidad una pequeña pavada "porque el Niño había nacido muy pobre y, además, era muy chiquito para transportar bultos grandes". ¡¡ Pícara y ahorrativa mi mamá !! Pero a los Reyes Magos sí que les daba con todo. Ellos eran tres, se trasladaban en camellos y viajaban acompañados por esclavos, a quienes imaginaba vestidos con bombachudos brillantes y rojos, capas amarillas y turbantes verdes. A los seis años les pedí una hamaca de jardín, de esas dobles, con los asientos enfrentados. Justo mi papá estaba de viaje y me mandó una carta unos días antes del día soñado, contándome que había visto a los Reyes pasar llevando una hamaca como la que había pedido, de color rojo. La mañana del 6 de enero encontré la mía junto a mis zapatos ( que debían ser los más viejos, así los Reyes pensaban que era muy pobre y me dejaban más cosas ...), pero era de color azul. Me pasé todo el día hamacándome y pensando a quién le habrían dejado la roja ...
Mi hamaca pasó a ser mi barco, mi avión, mi tren, y mi carreta si la novela que estaba en ese momento en mi cabeza tenía que ver con los cowboys y los indios.
Mi hermana me había contado que en los ladrillos huecos que formaban una jardinera que separaba los dos grandes patios de mi casa, vivían unos enanitos. Me enseñó a fabricarles muebles usando tapitas de botellas, corchos recortados y escarbadientes. Todas las noches les dejaba alguno y, a la mañana siguiente, encontraba golosinas con las que ellos me habían pagado mi trabajo.
Muy poquito después del casamiento de mi hermana mayor, tuvimos un notición: la cigüeña le traería un bebé desde París. ¡¡ Iba a ser tía !! Mi muñeca favorita, Bubita (era de goma y había fallecido luego de que una de mis amiguitas le cortara la panza con una tijera para operarla. La lloré como se llora la pérdida de un hijo, y tuvo sus honras funerarias en el gallinero de mi casa) pasaría a ser reemplazada por un bebé de verdad.
Siempre había querido tener un hermano menor. Me apasionaban los bebés. Como Mami me decía que ella no quería tener más hijos, era yo quien le escribía las cartas a la cigüeña... ¡¡ En serio !! En ese tiempo, las estampillas y los sobres se compraban en cantidad para tener en los hogares, escribir a quien hiciera falta y echar la carta en el buzón rojo que estaba en las esquinas.
Entonces, con mi letra infantil y como podía, redactaba los pedidos:" Sra. Cigüeña: quiero que me traiga un hijito gordito y chiquito. Yo vivo en ... " y las firmaba poniendo el nombre de mi mamá.
Esas cartas llegaron al Instituto Médico Platense, donde yo había nacido porque para mí era ése el lugar en donde la Cigüeña recepcionaba los pedidos. Como (sin decir para qué) le había pedido a mi papá que me escribiera la dirección del Instituto, lo copiaba en el sobre, le pegaba la estampilla y lo metía en el buzón. ¿Quién los habrá recibido? ¿Cómo habrá reaccionado al leer mis cartas?
Ahora había comenzado mi gran ansiedad: que el tiempo pasara rápido (el viaje desde París a La Plata es larguísimo, me habían anticipado, y la cigüeña se tomaba descansos para seguir volando sin que el bebé se le cayera del pico) y aprendí a tejer escarpines para mi sobrino/a. Mi hermana iba engordando y, al preguntar el motivo, me respondieron que era para tener más leche para alimentar al nene, cosa que acepté sin sospechas.
Como mi hermana con su hermoso soldado vivían alejados del Hospital en donde llegaría el nuevo miembro de la familia, un día ella (ya regorda) se instaló de nuevo en casa de mis padres.Una mañana, al levantarme, no estaban ni mi hermana ni mi mamá. Papi me contó que, durante la noche, había ido un enfermero a avisar que por el radar del Hospital habían visto que la Cigüeña se acercaba, por eso las dos habían ido a buscar al bebito. Tengo vívida la imagen que me formé en ese momento: médicos mirando una gran pantalla, en donde se veía claramente la Cigüeña con su paquete en el pico, buscando el sitio para aterrizar. Unas horas después, Papi me llevó a conocer a Marcela, mi primera sobrina...
Hasta entonces mi vida transcurría plácida, feliz e inocente. Como dije, plagada de fantasías. Creía firmemente en el Ratón Pérez, en los Reyes Magos y en el Niñito Dios, quien en Noche buena me dejaba junto al arbolito de Navidad una pequeña pavada "porque el Niño había nacido muy pobre y, además, era muy chiquito para transportar bultos grandes". ¡¡ Pícara y ahorrativa mi mamá !! Pero a los Reyes Magos sí que les daba con todo. Ellos eran tres, se trasladaban en camellos y viajaban acompañados por esclavos, a quienes imaginaba vestidos con bombachudos brillantes y rojos, capas amarillas y turbantes verdes. A los seis años les pedí una hamaca de jardín, de esas dobles, con los asientos enfrentados. Justo mi papá estaba de viaje y me mandó una carta unos días antes del día soñado, contándome que había visto a los Reyes pasar llevando una hamaca como la que había pedido, de color rojo. La mañana del 6 de enero encontré la mía junto a mis zapatos ( que debían ser los más viejos, así los Reyes pensaban que era muy pobre y me dejaban más cosas ...), pero era de color azul. Me pasé todo el día hamacándome y pensando a quién le habrían dejado la roja ...
Mi hamaca pasó a ser mi barco, mi avión, mi tren, y mi carreta si la novela que estaba en ese momento en mi cabeza tenía que ver con los cowboys y los indios.
Mi hermana me había contado que en los ladrillos huecos que formaban una jardinera que separaba los dos grandes patios de mi casa, vivían unos enanitos. Me enseñó a fabricarles muebles usando tapitas de botellas, corchos recortados y escarbadientes. Todas las noches les dejaba alguno y, a la mañana siguiente, encontraba golosinas con las que ellos me habían pagado mi trabajo.
Muy poquito después del casamiento de mi hermana mayor, tuvimos un notición: la cigüeña le traería un bebé desde París. ¡¡ Iba a ser tía !! Mi muñeca favorita, Bubita (era de goma y había fallecido luego de que una de mis amiguitas le cortara la panza con una tijera para operarla. La lloré como se llora la pérdida de un hijo, y tuvo sus honras funerarias en el gallinero de mi casa) pasaría a ser reemplazada por un bebé de verdad.
Siempre había querido tener un hermano menor. Me apasionaban los bebés. Como Mami me decía que ella no quería tener más hijos, era yo quien le escribía las cartas a la cigüeña... ¡¡ En serio !! En ese tiempo, las estampillas y los sobres se compraban en cantidad para tener en los hogares, escribir a quien hiciera falta y echar la carta en el buzón rojo que estaba en las esquinas.
Entonces, con mi letra infantil y como podía, redactaba los pedidos:" Sra. Cigüeña: quiero que me traiga un hijito gordito y chiquito. Yo vivo en ... " y las firmaba poniendo el nombre de mi mamá.
Esas cartas llegaron al Instituto Médico Platense, donde yo había nacido porque para mí era ése el lugar en donde la Cigüeña recepcionaba los pedidos. Como (sin decir para qué) le había pedido a mi papá que me escribiera la dirección del Instituto, lo copiaba en el sobre, le pegaba la estampilla y lo metía en el buzón. ¿Quién los habrá recibido? ¿Cómo habrá reaccionado al leer mis cartas?
Ahora había comenzado mi gran ansiedad: que el tiempo pasara rápido (el viaje desde París a La Plata es larguísimo, me habían anticipado, y la cigüeña se tomaba descansos para seguir volando sin que el bebé se le cayera del pico) y aprendí a tejer escarpines para mi sobrino/a. Mi hermana iba engordando y, al preguntar el motivo, me respondieron que era para tener más leche para alimentar al nene, cosa que acepté sin sospechas.
Como mi hermana con su hermoso soldado vivían alejados del Hospital en donde llegaría el nuevo miembro de la familia, un día ella (ya regorda) se instaló de nuevo en casa de mis padres.Una mañana, al levantarme, no estaban ni mi hermana ni mi mamá. Papi me contó que, durante la noche, había ido un enfermero a avisar que por el radar del Hospital habían visto que la Cigüeña se acercaba, por eso las dos habían ido a buscar al bebito. Tengo vívida la imagen que me formé en ese momento: médicos mirando una gran pantalla, en donde se veía claramente la Cigüeña con su paquete en el pico, buscando el sitio para aterrizar. Unas horas después, Papi me llevó a conocer a Marcela, mi primera sobrina...
Y así continúo ...
En pocos días, Mami regresó a casa conmigo. Fui un verdadero peludo de regalo para mis hermanos. La situación entre mis padres era muy tensa y ellos la sufrían. Mi hermano había sido durante más de siete años el hijo menor, único varón, y le había caído este paquete para destronarlo.Siempre me lo hizo notar. Mi hermana mayor, parece que se concentró en escribir poesías y en filosofar incoherencias, la segunda de mis hermanas era más afectuosa conmigo, y Mami se dedicó por entero a mí, lo que aumentó los celos que ellos ya me tenían. Fui creciendo en una burbuja. Rodeada de fantasías. Mi mamá me contaba los cuentos clásicos, y los que inventaba, con muchos gnomos, hadas y dragones, y mi papá (quien, como dije, era marino) me relataba sus aventuras como Pirata de todos los mares ... Era un pirata bueno, una especie de Robin Hood del mar. "Dueño absoluto de Tanganika", allí enterraba los tesoros que recuperaba de los atroces bucaneros, y un mono que hablaba los custudiaba. Cuando se iba a navegar, repartía sus riquezas entre la gente pobre. Yo le creía todo lo que él me contaba, por eso estaba convencida de que Mami era una princesa a quien él había rescatado en un ataque filibustero.
Me gustaba mucho jugar sola. Allí desempeñaba diferentes roles. Podía ser una reina o Juana (la mujer de Tarzán), Blancanieves o un malvado gnomo. Papi me había construído una casita de material en los fondos de mi casa, en la que yo podía desplegar toda mi imaginación. En la casita,
también, era madre de mis muñecas, esposa de Peter Pan,ama de casa, y maestra de Jardín de Infantes (mientras pasé esa etapa. Después ascendí y fui maestra de escuela primaria).
Parece ser que, cuando comencé a dar mis primeros pasos, sin que nadie me lo enseñara ni pudiera imitar a nadie que hubiese visto, caminaba en puntas de pies con los brazos en alto y daba vueltitas. Pronto Mami se dio cuenta de que mi verdadera vocación era la danza. Y así fue como, a los tres años, me llevó a aprender ese arte que todavía llevo guardado en el alma, que practiqué muchísimos años, y también enseñé y difundí.
Cuando recuerdo mi infancia, siento cosquillas en el corazón. La disfruté mucho. Todo lo que sucedía a mi alrededor, lo transformaba de inmediato en una historia que revivía en mis juegos. A Mami le encantaba ir al cine y me llevaba. En aquellos años no existían las películas ATP o condicionadas, podía verlas toda la familia y, al regresar del cine, las recreaba. Fui Zulli Moreno, Delia Garcés, Mirtha Legrand, Catita, y tantas más.
Mientras tanto, bailaba llena de alegría, iba a la escuela con mucho pesar, jugaba con mis amigas reales e imaginarias, y crecía, igual que todos y que mis hermanos.
Seguían sin prestarme demasiada atención (la segunda de mis hermanas era la que más cerca sentía de mí), pero era llevadero. Mis padres se encargaban de atenderme lo suficiente, y me alcanzaba.
Cuando mi hermana mayor se puso de novia, yo tenía cinco años. Recuerdo que sonó el timbre de casa y salí a atender. Un hermosísimo "señor" rubio, bronceado, de ojos grises, con uniforme de gala blanco ( después supe que era de la policía) me preguntó por ella. Como en el aire, fui feliz a decirle que la buscaba "un soldado hermoso ... que tenía de todo, sólo le faltaba el tambor" ... Así como yo me encariñé con él, él lo hizo conmigo, y pasé a ser la hermanita que había que sacar del medio constantemente porque estorbaba.
Era la época en que las chicas buenas no salían solas con sus novios, porque "no sólo hay que ser buena, también hay que parecerlo", como jamás se cansó de recitar Mami, así que yo paseaba de lo lindo con ellos dos.
Y, por ahora, cierro la tapa de la caja de recuerdos. Tengo que ir a jugar a que soy ama de casa, aunque mi marido no sea, precisamente, Peter Pan...
Me gustaba mucho jugar sola. Allí desempeñaba diferentes roles. Podía ser una reina o Juana (la mujer de Tarzán), Blancanieves o un malvado gnomo. Papi me había construído una casita de material en los fondos de mi casa, en la que yo podía desplegar toda mi imaginación. En la casita,
también, era madre de mis muñecas, esposa de Peter Pan,ama de casa, y maestra de Jardín de Infantes (mientras pasé esa etapa. Después ascendí y fui maestra de escuela primaria).
Parece ser que, cuando comencé a dar mis primeros pasos, sin que nadie me lo enseñara ni pudiera imitar a nadie que hubiese visto, caminaba en puntas de pies con los brazos en alto y daba vueltitas. Pronto Mami se dio cuenta de que mi verdadera vocación era la danza. Y así fue como, a los tres años, me llevó a aprender ese arte que todavía llevo guardado en el alma, que practiqué muchísimos años, y también enseñé y difundí.
Cuando recuerdo mi infancia, siento cosquillas en el corazón. La disfruté mucho. Todo lo que sucedía a mi alrededor, lo transformaba de inmediato en una historia que revivía en mis juegos. A Mami le encantaba ir al cine y me llevaba. En aquellos años no existían las películas ATP o condicionadas, podía verlas toda la familia y, al regresar del cine, las recreaba. Fui Zulli Moreno, Delia Garcés, Mirtha Legrand, Catita, y tantas más.
Mientras tanto, bailaba llena de alegría, iba a la escuela con mucho pesar, jugaba con mis amigas reales e imaginarias, y crecía, igual que todos y que mis hermanos.
Seguían sin prestarme demasiada atención (la segunda de mis hermanas era la que más cerca sentía de mí), pero era llevadero. Mis padres se encargaban de atenderme lo suficiente, y me alcanzaba.
Cuando mi hermana mayor se puso de novia, yo tenía cinco años. Recuerdo que sonó el timbre de casa y salí a atender. Un hermosísimo "señor" rubio, bronceado, de ojos grises, con uniforme de gala blanco ( después supe que era de la policía) me preguntó por ella. Como en el aire, fui feliz a decirle que la buscaba "un soldado hermoso ... que tenía de todo, sólo le faltaba el tambor" ... Así como yo me encariñé con él, él lo hizo conmigo, y pasé a ser la hermanita que había que sacar del medio constantemente porque estorbaba.
Era la época en que las chicas buenas no salían solas con sus novios, porque "no sólo hay que ser buena, también hay que parecerlo", como jamás se cansó de recitar Mami, así que yo paseaba de lo lindo con ellos dos.
Y, por ahora, cierro la tapa de la caja de recuerdos. Tengo que ir a jugar a que soy ama de casa, aunque mi marido no sea, precisamente, Peter Pan...
domingo, 15 de febrero de 2009
Así empiezo ...
Planté árboles. Tuve tres hijos. Pero nunca escribí un libro, y no creo que lo haga aunque todos los que me conocen me hayan dicho siempre que tendría que hacerlo. No por mis cualidades como escritora, sino porque mi vida ha estado siempre llena de anécdotas. Desde que estaba en la panza de mi mamá. Ella, con un embarazo de siete meses, se enteró de que mi papá (marino, de carrera ... eso sí) se inventaba guardias para estar con otra damisela.
Soy la cuarta hija de ese matrimonio. Dos mujeres y un varón me anteceden. Con varios años de distancia entre sus nacimientos y el mío. Sin embargo (¿inocentes? ¿distraídos?), no se dieron cuenta de que mami estaba en la dulce espera de mi persona.
Siempre contaron que, cuando yo nací, como mi mamá estaba furibunda con mi papá por lo que le había descubierto,la noche del 15 de diciembre de 1946, mis hermanos tuvieron que ir a la cama temprano. Mi hermana mayor y mi hermano (que es el tercero en la lista) se durmieron enseguida.La segunda de mis hermanos se quedó despierta y escuchó que mi mamá le decía a mi papá: "Me voy". Mi hermana se levantó sin hacer ruido y espió: mami se iba con un bolso, y mi papá la siguió. Despertó a mis hermanos y les dijo "¡¡ Papito y Mamita nos abandonaron!!"
Quiero aclarar que, para ese día, mis hermanas tenían 12 y 13 años y mi hermano 7.
Mi hermana mayor, muy decidida, abrió un tarro de dulce de leche Gándara de 3 Kg, que estaba intacto, les dio una cuchara a cada uno y les dijo "Vamos a esperarlos despiertos ... ¡¡ coman!!"
No sé cuánto les duró el insomnio o la preocupación. La cuestión es que, al día siguiente, o sea el 16 de diciembre de 1946, Papi los despertó y les dijo que se lavaran y cambiaran, porque tenían que ir a visitar a un amigo suyo que estaba internado. De Mami ... ni rastros. Y tampoco preguntaron.
Así llegaron al Instituto Médico Platense, abrieron la puerta de una habitación y la vieron a Mami en una cama, junto a una cunita.Dicen que mis hermanos se quedaron duros ... mis hermanas se acercaron a ver lo que había en la cuna, pero mi hermano permaneció estático en la puerta. Mi mamá le preguntó si no quería conocer a su nueva hermanita, y él dijo que no.
Mi papá tuvo una felicísima idea: como el Instituto Médico Platense queda enfrente del zoológico de La Plata, le propuso cruzarse y cambiarme por un mono ... ¡¡ Y mi hermano aceptó !!
Claro, no lo hicieron, y aquí estoy yo ...
Mi vida es un verdadero anecdotario. Como no voy a escribir un libro, volcaré todas mis anécdotas en este blog.
¡¡ Nos vemos !!
Soy la cuarta hija de ese matrimonio. Dos mujeres y un varón me anteceden. Con varios años de distancia entre sus nacimientos y el mío. Sin embargo (¿inocentes? ¿distraídos?), no se dieron cuenta de que mami estaba en la dulce espera de mi persona.
Siempre contaron que, cuando yo nací, como mi mamá estaba furibunda con mi papá por lo que le había descubierto,la noche del 15 de diciembre de 1946, mis hermanos tuvieron que ir a la cama temprano. Mi hermana mayor y mi hermano (que es el tercero en la lista) se durmieron enseguida.La segunda de mis hermanos se quedó despierta y escuchó que mi mamá le decía a mi papá: "Me voy". Mi hermana se levantó sin hacer ruido y espió: mami se iba con un bolso, y mi papá la siguió. Despertó a mis hermanos y les dijo "¡¡ Papito y Mamita nos abandonaron!!"
Quiero aclarar que, para ese día, mis hermanas tenían 12 y 13 años y mi hermano 7.
Mi hermana mayor, muy decidida, abrió un tarro de dulce de leche Gándara de 3 Kg, que estaba intacto, les dio una cuchara a cada uno y les dijo "Vamos a esperarlos despiertos ... ¡¡ coman!!"
No sé cuánto les duró el insomnio o la preocupación. La cuestión es que, al día siguiente, o sea el 16 de diciembre de 1946, Papi los despertó y les dijo que se lavaran y cambiaran, porque tenían que ir a visitar a un amigo suyo que estaba internado. De Mami ... ni rastros. Y tampoco preguntaron.
Así llegaron al Instituto Médico Platense, abrieron la puerta de una habitación y la vieron a Mami en una cama, junto a una cunita.Dicen que mis hermanos se quedaron duros ... mis hermanas se acercaron a ver lo que había en la cuna, pero mi hermano permaneció estático en la puerta. Mi mamá le preguntó si no quería conocer a su nueva hermanita, y él dijo que no.
Mi papá tuvo una felicísima idea: como el Instituto Médico Platense queda enfrente del zoológico de La Plata, le propuso cruzarse y cambiarme por un mono ... ¡¡ Y mi hermano aceptó !!
Claro, no lo hicieron, y aquí estoy yo ...
Mi vida es un verdadero anecdotario. Como no voy a escribir un libro, volcaré todas mis anécdotas en este blog.
¡¡ Nos vemos !!
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