lunes, 16 de febrero de 2009

Y así continúo ...

En pocos días, Mami regresó a casa conmigo. Fui un verdadero peludo de regalo para mis hermanos. La situación entre mis padres era muy tensa y ellos la sufrían. Mi hermano había sido durante más de siete años el hijo menor, único varón, y le había caído este paquete para destronarlo.Siempre me lo hizo notar. Mi hermana mayor, parece que se concentró en escribir poesías y en filosofar incoherencias, la segunda de mis hermanas era más afectuosa conmigo, y Mami se dedicó por entero a mí, lo que aumentó los celos que ellos ya me tenían. Fui creciendo en una burbuja. Rodeada de fantasías. Mi mamá me contaba los cuentos clásicos, y los que inventaba, con muchos gnomos, hadas y dragones, y mi papá (quien, como dije, era marino) me relataba sus aventuras como Pirata de todos los mares ... Era un pirata bueno, una especie de Robin Hood del mar. "Dueño absoluto de Tanganika", allí enterraba los tesoros que recuperaba de los atroces bucaneros, y un mono que hablaba los custudiaba. Cuando se iba a navegar, repartía sus riquezas entre la gente pobre. Yo le creía todo lo que él me contaba, por eso estaba convencida de que Mami era una princesa a quien él había rescatado en un ataque filibustero.
Me gustaba mucho jugar sola. Allí desempeñaba diferentes roles. Podía ser una reina o Juana (la mujer de Tarzán), Blancanieves o un malvado gnomo. Papi me había construído una casita de material en los fondos de mi casa, en la que yo podía desplegar toda mi imaginación. En la casita,
también, era madre de mis muñecas, esposa de Peter Pan,ama de casa, y maestra de Jardín de Infantes (mientras pasé esa etapa. Después ascendí y fui maestra de escuela primaria).
Parece ser que, cuando comencé a dar mis primeros pasos, sin que nadie me lo enseñara ni pudiera imitar a nadie que hubiese visto, caminaba en puntas de pies con los brazos en alto y daba vueltitas. Pronto Mami se dio cuenta de que mi verdadera vocación era la danza. Y así fue como, a los tres años, me llevó a aprender ese arte que todavía llevo guardado en el alma, que practiqué muchísimos años, y también enseñé y difundí.
Cuando recuerdo mi infancia, siento cosquillas en el corazón. La disfruté mucho. Todo lo que sucedía a mi alrededor, lo transformaba de inmediato en una historia que revivía en mis juegos. A Mami le encantaba ir al cine y me llevaba. En aquellos años no existían las películas ATP o condicionadas, podía verlas toda la familia y, al regresar del cine, las recreaba. Fui Zulli Moreno, Delia Garcés, Mirtha Legrand, Catita, y tantas más.
Mientras tanto, bailaba llena de alegría, iba a la escuela con mucho pesar, jugaba con mis amigas reales e imaginarias, y crecía, igual que todos y que mis hermanos.
Seguían sin prestarme demasiada atención (la segunda de mis hermanas era la que más cerca sentía de mí), pero era llevadero. Mis padres se encargaban de atenderme lo suficiente, y me alcanzaba.
Cuando mi hermana mayor se puso de novia, yo tenía cinco años. Recuerdo que sonó el timbre de casa y salí a atender. Un hermosísimo "señor" rubio, bronceado, de ojos grises, con uniforme de gala blanco ( después supe que era de la policía) me preguntó por ella. Como en el aire, fui feliz a decirle que la buscaba "un soldado hermoso ... que tenía de todo, sólo le faltaba el tambor" ... Así como yo me encariñé con él, él lo hizo conmigo, y pasé a ser la hermanita que había que sacar del medio constantemente porque estorbaba.
Era la época en que las chicas buenas no salían solas con sus novios, porque "no sólo hay que ser buena, también hay que parecerlo", como jamás se cansó de recitar Mami, así que yo paseaba de lo lindo con ellos dos.
Y, por ahora, cierro la tapa de la caja de recuerdos. Tengo que ir a jugar a que soy ama de casa, aunque mi marido no sea, precisamente, Peter Pan...

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